Mujeres somos todos los días

 

Por Alicia Bello

 

Ser mujer es una identidad en si misma, sepamos llevar con honor esta identificación social para seguir contribuyendo a la recuperación de la felicidad popular.

 

Un 8 de marzo más nos encuentra a las mujeres del mundo hermanadas en reflexiones acerca de los logros y las deudas que la legislación, la sociedad y los distintos Gobiernos tienen con nosotras. Estos análisis indudablemente reflejarán las disímiles condiciones socioeconómicas, culturales, étnicas y religiosas que nos identifican y caracterizan de manera particular.

 

La Argentina ha dado a la lucha por nuestros derechos importantísimas mujeres, que han pregonado la igualdad de oportunidades, en momentos en que éramos consideradas no capaces.

 

Permítanme, en mi condición de peronista, rescatar del conjunto de mujeres que han hecho no sólo por su género, sino por el pueblo todo, a Evita. Ella fue la expresión de una Argentina que pujaba por nacer en una Argentina con una clase dirigente conservadora que no cejaba en su lucha por mantener su poder político y económico.

 

El sufragio femenino fue tal vez su mayor logro, pero lo importante en este día no es rescatar su historia, sino el símbolo que representa. Su fortaleza, su coraje, su decisión, su convicción y su compromiso con el pueblo, deben estar presentes cada día de nuestras vidas, independientemente del lugar que ocupemos en esta sociedad.

 

Cuando el poder se transforme en un fin en si mismo pensemos en Evita que  pudiendo ser indiferente y usufructuar su lugar al lado del General Perón, se comprometió denodadamente con los humildes. Es por ello que; si a veces sentimos que las fuerzas se nos acaban, pensemos en Evita, que siguió  la lucha hasta en su lecho de muerte; si sentimos indiferencia frente a las situaciones de pobreza, pensemos en Evita, que trabajó a sol y a sombra para desterrar la pobreza y el desempleo.

 

Identidad Popular quiere saludar a todas las mujeres en su día; a aquellas que son desocupadas y a aquellas que tienen trabajo; a aquellas que son el sostén del hogar y a aquellas que conforman una familia tradicional; a aquellas que no han podido completar sus estudios y a las que sí han podido; a aquellas que trabajan en organizaciones sociales; a aquellas que son militantes y desde sus lugares, silenciosos y humildes o revolucionarios y combatientes, aportan, con la paciencia que solo tenemos las mujeres, a la edificación de esta nueva Argentina donde cada una es parte fundacional de los cimientos institucionales de esta compleja página de la historia nacional.