Trabajo es dignidad

Por Patricia Fortino

Cuando un país hace balance de sus riquezas, están, por un lado las que valen por sí mismas, como las que provee la naturaleza y por otro, las que tienen su valor agregado, como las producciones; todas, en tiempos donde se da prisa a los avances, además con la alta cuota de tecnología que ha desplazado mucha mano de obra.

Aunque parezca una contradicción el mayor valor a calificar es el del hombre trabajador. Porque, castigados por sus secuelas, nos dimos cuenta gracias a los "años felices del neoliberalismo" que sin clase trabajadora no hay país posible. Sin cimientos para sostenerla, no hay casa que resista, con lo que queda refutada -junto a tantas otras- la teoría de que una economía importadora bastaba para sustentarnos.

Cuando se trata de categorizar y dar excelencia a un producto, se aplica la teoría globalizante de resaltar las cualidades de los insumos utilizados y la tecnología aplicada. Esto es una falacia a la que estamos tan acostumbrados que ni siquiera nos damos cuenta de la gran mentira que encierra. No hay trabajo sin trabajadores; no hay producto de categoría sin asalariados categorizados; no hay excelencia sin empleados tratados con dignidad.

Hay mucho camino por andar en un país devastado, saqueado, vaciado; la mayor deuda es con la clase trabajadora. La misma que siempre supo poner el hombro, la que sostiene las fábricas, la que hace caminos, la que da clases, la que siembra, la que cura, la que vende, la que pesca, en fin, la que trabaja.

Todavía falta mucho. Falta consolidar un empresariado comprometido con la causa nacional para poder sentarnos en igualdad de condiciones y derechos a delinear  la re-distribución de la riqueza.

Falta afianzar ideología de pertenencia para poder volver a tener sindicatos fortalecidos políticamente, con delegados de base, activistas y representantes elegidos entre los mejores con la participación de todos.

Estamos recuperando la dignidad de ser trabajadores, el orgullo de la marca registrada, la felicidad de ser el sustento de nuestros hogares.

Ser trabajadores era hasta hace poco algo que pesaba en nuestras espaldas vacío de contenido político; hoy está dejando de ser eso que por años cargamos como un estigma, para volver a ser uno de las piezas fundamentales del gran engranaje del país.

La voluntad política de devolver a la clase trabajadora su rol de protagonista en la reconstrucción de la Argentina, está dando sus frutos. Bajar el índice de desocupación del país de más del 20 % a menos de 1 dígito en menos de un período presidencial es revalorizar el trabajo, es reconocer y contener a quienes representan la mayor de las riquezas: la clase trabajadora.

Los 1º de mayo son días de fiesta solo cuando hay trabajo.

A todos los trabajadores: ¡¡¡Feliz Día!!!