Civilización y Barbarie en el pensamiento único: la sacralización del �Campo�

 

Por Alicia Bello

Diputada Ciudad Autónoma de Buenos Aires

 

Creo que lo que pasó en la Argentina en los últimos días merece, después de levantado el paro, un análisis político y sociológico.

 

No pretende ser este artículo el que cumpla con el objetivo, pero sí acercar y compartir con ustedes algunas reflexiones.

 

Indudablemente la explosión mediática, que nos permite estar conectados e  interconectados las horas que deseemos por día, nos lleva a tener poca opción en la selección de los mensajes.

 

Una cámara, un análisis periodístico, sea de opinión o descriptivo, nos coloca a veces frente a realidades aparentemente incontrastables o, por lo menos, de una contundente fuerza persuasiva.

 

Esta semana fue paradigmática. A través de las cámaras y las alocuciones aparecieron los buenos, los inocuos, los rezagados, y aquéllos que construyen generosamente la patria sin otra intervención que la de la fuerza propia: los nuevos y sacrificados salvadores de la Patria: los hombres de �campo�.

 

>De esta forma �el campo� apareció significativamente como un actor social único, de identidad indiferenciada. El �campo� en la noticia, es un espacio paradisíaco en el que no existe estratificación ni contradicciones sociales �no hay clases, fracciones de clase, capas ni categorías sociales- y donde reina la más completa igualdad y fraternidad, sólo rota por la intromisión impertinente, demoníaca y confiscatoria del Gobierno Nacional.

 

>Ésto le permite a un diputado nacional  afirmar que �a la violencia de D´Elía y su patota� el �campo� opuso su cultura, sus mujeres y sus hijos�.  Romántica definición que consagra el posicionamiento del autor junto a los próceres de la generación del 37, que oponían a la democracia de las masas y las lanzas, la cultura civilizadora de la Europa industriosa.

 

Para el autor de la frase, experto termómetro de la violencia,  no es violencia arrebatar el poder de policía de las rutas; ni impedir el trabajo de los camioneros; ni interrumpir la provisión alimentos de las góndolas,  produciendo el desabastecimiento; ni obligar a que se pudran la leche, los pollos, las hortalizas y demás alimentados compulsivamente interrumpidos en su traslado; ni amenazar con futuros desabastecimientos. Porque la violencia solamente viene de un lado y es del lugar de la �incultura� de las organizaciones sociales, aunque estas paseen a sus mujeres y a sus hijos por las calles del centro para defender la dignidad incipiente, en arduo proceso de recuperación.

 

Es que siguiendo la línea de sus antecesores ideológicos, el autor de la frase, en su subconsciente culto, plagado de recuerdos congénitos, aún resuena el interrogante magistral que asolaba al �maestro inmortal� de la Argentina, cuando se preguntaba:

 

�¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado�.

(Domingo Faustino Sarmiento, �El Progreso�, 27 de septiembre de 1844)

 

En cada movilización de las organizaciones sociales habrá de reaparecer en la conciencia de nuestro autor, las pulsiones de un pasado redivivo por el que regresa la �barbarie�. Como dirían en nuestro campo gaucho, viendo la cita oculta del Maestro Sarmiento: �Conforme al cura, ha de ser el sacristán�.